
Si hoy paseas por la zona del Arenal, cerca de la Plaza de Toros de la Maestranza, encontrarás calles luminosas, bares de tapas y un ambiente vibrante. Pero, ¿y si te dijera que en el siglo XVI este era el rincón más «pecaminoso» y bullicioso de Europa?
Bienvenidos al Compás de la Mancebía, el lugar donde la Sevilla de las riquezas mostraba su cara más salvaje.
¿Qué era exactamente el Compás de la Mancebía?
En el siglo XVI, Sevilla era la Nueva York de la época. Con el monopolio del comercio con América, la ciudad atraía a marineros, soldados, buscavidas, nobles y aventureros de todo el mundo. Ante tal aluvión de gente, las autoridades decidieron «organizar» el ocio y la prostitución en un recinto cerrado: el Compás.
Situado intramuros, transcurría a lo largo de la muralla desde la Puerta del Arenal. A la muralla, unida, una tapia construida expresamente para cercar la casa pública. Este muro discurría por toda la calle Zaragoza hasta unirse con la calle Harinas. Era una «ciudad dentro de la ciudad». Hoy, la Plaza de Molviedro, las calles Padre Marchena y Castelar junto con calle Gamazo formarían el interior de la ciudad de la carne, y estarían reguladas mediante ordenanzas municipales, las cuales mantendrían a raya la vida de los prostíbulos. Disponía el burdel de puertas, unas oficiales, como la llamada «El Golpe» y otras que más que puertas eran agujeros practicados por las rameras, que se resistían a estar encerradas.
Un lugar de contrastes: Entre el pecado y la norma
Lo más curioso para el turista de hoy es saber que este lugar estaba rígidamente regulado por el Cabildo y la Iglesia. No era un caos sin ley; había normas estrictas:
- Se vigilaba la higiene para evitar epidemias.
- Las mujeres no podían trabajar en días de fiesta religiosa o Semana Santa.
- Había un «Padre de la Mancebía», un oficial encargado de mantener el orden en este laberinto de casas y tabernas.
La huella en la literatura
Este ambiente tan sórdido y fascinante fue el caldo de cultivo de la literatura picaresca. Grandes autores como Cervantes (que vivió en Sevilla y conoció bien sus bajos fondos) o Lope de Vega, se inspiraron en lo que ocurría en estas calles para sus obras. Personajes como Rinconete y Cortadillo respiran el aire de ese Arenal del siglo XVI.
Consejo para tu visita
Cuando camines por el Arenal al atardecer, olvida por un momento los escaparates modernos. Cierra los ojos e imagina el ruido de las carretas, el olor a salitre del Guadalquivir y el bullicio de miles de personas buscando fortuna o diversión en la ciudad más rica del mundo.
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